Juegos y transgresiones: algunos no pueden evitar jugar videojuegos xxx, ¿por qué?
La sexualidad rima con la espontaneidad y se combina con la dimensión de la relación y el consentimiento. En este mundo caleidoscópico habitado por la piel y los sentidos, y por la mente y el corazón, el juego erótico puede formar parte fácilmente.
Antes de profundizar en los entresijos de este tema, hay que hacer una distinción fundamental entre: el aspecto lúdico y espontáneo, por tanto opcional para el buen funcionamiento sexual, y la dimensión de la compulsión.
Los juegos eróticos representan una especie de patio de recreo del erotismo, aunque sean atrevidos, siguen siendo lúdicos y no son imprescindibles para el buen funcionamiento sexual.
Pueden estar presentes o no, pueden ser compartidos y hacer que la sexualidad sea más picante y tenga un sabor más intenso, pero siempre son opcionales.
Cuando no están presentes, de hecho, su ausencia no se convierte en un dispensador de incomodidad sexual o de falta de deseo, todo sigue procediendo de la mejor manera posible.
Cuando el juego erótico -cualquiera que sea- se traslada al terreno del ritual, de lo obligatorio y de la obligación, pierde la dimensión del juego.
Así, puede ocurrir que el juego -ocasional para algunos, indispensable para otros- sea en realidad una verdadera perversión. Más correctamente llamado parafilia.
¿Qué estarías dispuesto a hacer por amor? Cuando la transgresión amenaza a la pareja, transgresión intrapareja, transgresión extrapareja A algunas parejas les encanta jugar, les encanta experimentar y experimentar con el otro. Los objetos, los juegos de rol, las fantasías que pasan de lo simbólico a lo concreto, la ropa sensual y mucho más, se convierten en una especie de amplificador sensorial de la sexualidad.
Sin embargo, no todo el mundo se siente cómodo con la dimensión lúdica y transgresora de la vida íntima. Algunos la temen, otros la rechazan de plano.
La transgresión no siempre acompaña a la sexualidad de todas las parejas porque a menudo se considera una amenaza real para la estabilidad y la seriedad de la pareja.
Activa una especie de luz roja, una luz de advertencia intermitente, un mensaje claro que señala un peligro inminente.
Imaginar a la pareja amada, más transgresora de lo habitual, evoca ansiedad y celos; como si, una vez jugado el juego en casa (transgresión intrapareja), pudiera vestirse con el mismo ropaje mental y sexual en otros lugares.
¿Qué lleva a un miembro de la pareja a transgredir fuera de la pareja y no dentro de ella? Existe un poderoso mecanismo que caracteriza a la psique, especialmente a la masculina, llamado desdoblamiento. Algunos hombres tienden a separar la sexualidad de la afectividad: la dimensión del juego erótico se asigna a la amante o a la mujer que no aman y no estiman, la afectividad sin juego ni erotismo, más ortodoxa y hogareña, en cambio, a la compañera de vida. Como si juntar la transgresión y el amor en la misma relación fuera demasiado desestabilizador para la psique.